lunes, 9 de agosto de 2010

era para ayer ...

Cuando tienes jefes trabajas siempre algo espirituado. No porque te vayan a echar necesariamente por mal desempeño o porque le caigas mal al mandamás, sino porque cuando estas de lo más bien afanado haciendo tus labores siempre pueden vacunarte con esos tipicos encargos inesperados-urgentes-perentorios que siempre "son para ayer", en plazos imposibles, planillas eternas que llenar y requisitos que brotan de todas partes sin saber por cual empezar primero.

El jefe sabe, el jefe maneja los tiempos y desde que marcas tarjeta hasta que la vuelves a marcar para retirtarte cual Pedro Picapiedra bajaba de su brontogrúa, tu tiempo ya no te pertenece. He llegado a la conclusión que como arquitecto más que pagar tu labor específica, pagan tu tiempo, tu disponibilidad absoluta y si no sabes poner límites ... hasta tu servilismo.

Y mientras haces lo imposible por terminar hoy lo que era para ayer, no puedes dejar de reflexionar en esas entregas que dejabas para ultima hora y que finalizabas muchas veces "a la buena de Dios" o "por entregar" para cumplir y evitarte un problema mayor. Ahora que ya eres profesional, te das cuenta que las cosas no sólo dependen de ti, dependes de una firma de alguien que no está, de un timbre de alguien que atiende sólo por las tardes, de la respuesta de un email de alguien que está con permiso administrativo ...  de alguien inubicable cuando lo necesitas.

Dibujas y te dices ... paciencia .... paciencia ....

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